
Antes de establecerse donde se encuentra hoy, la Biblioteca Municipal de Guayaquil tuvo su peregrinar, el que empezó en 1908, cuando su primer domicilio, la Casa del Cabildo en Sucre y Malecón, fue incinerado debido a enormes madrigueras de ratas que existían bajo sus cimientos.
Por esa razón la Biblioteca Municipal tuvo que trasladarse a un modesto chalet de la familia Caputi en la calle Villamil entre General Franco y Gutiérrez hasta 1918. La gente acudía basicamente por su deseo de ilustración y culturización, pues, la colonización intelectual francesa se hizo sentir también por estos lares. Guayaquil tendría en ese entonces aproximadamente 80.000 habitantes.
El tema de la casa propia para la Biblioteca empezó desde el mismo año 1862 y era permanente motivo de conversación.
Eloy Alfaro inclusive prometió que el edificio de exposiciones de París, de hierro y hormigón desarmable, sería trasladado desde Francia para la Biblioteca, pero no se sabe porqué circunstancia fue a parar a Quito en 1902.
Se convocó entonces a ingenieros y arquitectos mediante licitación internacional para que presenten proyectos del edificio de la Biblioteca. Algunos artistas extrajeros participaron y ganó un dibujo hecho por el pintor portugués Raul María Pereira.
Se levantó el edificio, el "Palacio-Biblioteca", en la esquina de Pedro Carbo y 10 de Agosto, construido para albergar las maravillosas colecciones que los hijos de Guayaquil habían donado a su querida institución; nadie podía imaginarse que el espléndido y elegante edificio tendría muy corta vida puesto que su fabricación era diametralmente opuesta en calidad a la concepción constructiva que su creador había adoptado, esto quiere decir que aún cuando era muy bello su diseño, la construcción era muy defectuosa. Su estructura estaba hecha de madera y tuvo que soportar el peso de cemento, mármol y además con la contribución de las lluvias el edificio fue cediendo generando un sinnúmero de problemas convirtiéndose así en un edificio peligro para la comunidad, razón por la cual en 1934 Asisclo Garay, Jefe del Cuerpo de Bomberos ordenó su demolición.
Este edificio, que se hallaba en el mismo lugar en donde hoy en día se encuentra el ala derecha de la Biblioteca, es decir, en la esquina de Pedro Carbo y 10 de Agosto con la entrada principal hacia la calle Pedro Carbo, tenía en las esquinas las cariétides (mujeres desnudas) las que por atentar contra la moral fueron cambiadas por columnas. Se cree que este trabajo fue otra de las causas para el debilitamiento del edificio.
En mayo de 1934 se trasladan los fondos Bibliográficos y los bienes que lo componían a espacios que previamente habían sido acondicionados para albergarlos en el quinto piso del nuevo Palacio Municipal (inaugurado en el año 1928) en este sitio permaneció por más de 20 años.
Gracias a la iniciativa, cooperación y generosidad del ciudadano norteamericano señor Josef Gorelik, se levantó el actual edificio de la Biblioteca Municipal de Guayaquil. La construcción del edificio se inició el 30 de septiembre de 1952 bajo la dirección del Patronato creado para este fin y que lo componían los señores: Juan José Plaza, Presidente; Josef Gorelik, Vicepresidente; Genaro Cucalón Jiménez, Tesorero; Guillermo Cubillo Renella, Arquitecto; Miguel Salem Dibo, Ingeniero Civil; Gustavo Gross, Ingeniero Electricista.
El señor Gorelik inició su contribución personal importando hierro para la construcción, su contribución total ascendió a la suma de S/. 1'869.514,92; la M.I. Municipalidad de Guayaquil, desde la primera Alcaldía del señor Pedro Menéndez Gilbert, hasta la Alcaldía del señor Lcdo. Luis Robles Plaza, contribuyó con la suma de S/. 1'192.500,oo; el Consejo Provincial del Guayas, con S/. 20.000; la Cemento Nacional inició las contribuciones particulares, aportando 1000 sacos de cemento y piedra; estas contribuciones particulares sumaron S/. 83.452,40.
El 8 de octubre de 1958 fue inaugurado este edificio, en acto solemne con la simbólica develización del busto del patricio señor Pedro Carbo y tres placas conmemorativas. La Biblioteca en ese entonces tenía solamente 58.000 volúmenes.
El edificio de la Biblioteca tiene un diseño paladdiano que sugiere una retoma de los elementos neoclásicos, eje axial y naves laterales de alta funcionalidad, pensando en un crecimiento futuro.






